Suiseki, mil formas de apreciar.

Asaltado por la filosofía.

De un tiempo a esta parte, especialmente tras la conferencia sobre Suiseki de Aldo Marchese en el Rokkon Shojo de Fuenlabrada, en la que profundizó sobre el Zen, me he puesto a pensar en las vivencias y percepciones que culturas alejadas espacialmente y con evoluciones muy diferentes pueden tener sobre una misma cosa.

La espiritualidad que rodea a las artes plásticas orientales, son en ocasiones un elemento complejo de comprender para el aficionado occidental. Lamentablemente, esa barrera creo que impide disfrutar del bonsai y del suiseki de forma plena. No significa que como entusiastas no dsifrutemos la aficion enormemente, en cuerpo y alma, si no que hay un plano, llámese trascendental o filosofico que queda vetado para la gran mayoria.

Descargo de responsabilidades:

Es importante decir que en estas líneas parto de algunos sesgos claros: el de la generalización y el de la idealización. Ni tengo un conocimiento profundo de las culturas orientales, ni ignoro que cada individuo se comporta de manera diferente, ni que todos los chinos o japoneses estén influenciados por el budismo y el sintoísmo de la misma forma.

Aun así, y reconociendo mis limitaciones, estas líneas son una excusa para profundizar en una cultura enigmática y atractiva frente a la propia. No hay más interés en mis divagaciones que tratar de comprender. Y me ayuda hacerlo escribiendo.

hanami-sakura-japan

Las diversas corrientes religiosas, dan lugar al Sincretismo. Un complejísimo saber ancestral en donde coinciden sus tradiciones, la filosofía oriental y las creencias religiosas. Y como instrumento, la apreciación, la contemplación y la meditación.

Queda claro que todos esos elementos son ajenos a nuestra cultura. Somos forasteros en un arte ancestral que lleva literalmente miles de años existiendo y su descubrimiento resulta solo del interés personal de transitar como profano para convertirse, con suerte e ilusión, en iniciado.

Es en ese momento, cuando me abruma descubrir las enormes diferencias que asoman entre la concepción clásica de sus raíces culturales y las propias. Y eso, quizás convierte el viaje en un proceso mucho más interesante. Si además tienes la oportunidad de visitar Japón o China , no como consumidor si no como aprendiz, la experiencia crece.

Esta reflexión, comienza cuando intuyo que el tiempo, no parece ser lo mismo aquí que en determinados lugares de Asia, y que quizás, por extensión, la vida y la muerte también tengan un significado diferente. Y tratar temas de tal trascendencia no parece ser fácil. Pero si divertido.

¿No has encontrado en libros, revistas o videos sobre bonsai, suiseki o incluso jardineria esa referencias espirituales? Las hay a montones

Desencandenando ideas

En su conferencia, Aldo, presentaba la historia del monje Kokan Shiren (1278-1346) y uno de los capítulos de su biografía, que describe cómo en el Templo Tofuku-ji, gracias a un suiseki y al entrenamiento de la contemplación que su formación en China le otorgó, consigue trasladar a sus discípulos enseñanzas sobre el universo.

Para ello, con un objeto que simula una cadena montañosa (la piedra, ishi), es capaz de filosofar sobre el individuo como observador, la piedra y el agua como representación de la naturaleza y sobre lo divino gracias a un entorno imaginado que rodea la piedra y a quien la observa.

Una especie de representación mental en miniatura del cosmos, que contiene al ser humano, la tierra y el cielo, la dualidad yin-yang y, con todo ello, también lo trascendente y a Dios.

Al escuchar esta enseñanza repetida varias veces mientras editaba el vídeo de la conferencia, una idea cruzó mis pensamientos.

En esa contemplación, parecía hacerse evidente que el ejercicio pretendía transmitir a los alumnos que solo al observar sin intervenir empezamos realmente a comprender [1]. Que es después de comprender cuando podemos profundizar con el pensamiento.

En la filosofía occidental, en las academias, en las aulas, no hay nada. Desde la antigüedad, no hubo nada. Absolutamente nada. Solo un maestro y su oratoria. La contemplación, no tenia cabida y si la tuvo, era un ejercicio individual, no programado.

En mi colegio, en los primeros cursos sí había elementos físicos con los que se aprendía: juguetes de madera, muñecas, cacharros de cocina, plastilina. Pero a medida que avanzas, el aula se transforma en ese espacio vacío donde un grupo escucha a un orador cuyo instrumento es la palabra. Sin más

No hay contemplación, no hay objetos que sirvan de guía a los pensamientos y de herramienta a los maestros.

La filosofía, tanto la clásica como la cristiana, es fundamentalmente teórica, argumentativa y lógica, buscando verdades universales mediante la razón. Esa es la base del idealismo, de la abstracción. Y aunque ambas filosofías tratan de explicar el mundo, lo divino y lo humano, el enfoque es profundamente distinto.

Este contraste entre el naturalismo oriental y el racionalismo occidental me está ayudando a comprender por qué el suiseki o el bonsái adquieren una dimensión espiritual en Japón que no tienen en Occidente.

Estetica y naturaleza. Una idea, dos caminos

bunjin bonsai

Allí, lo importante no es explicar, sino sugerir. Quizá porque lo esencial no es aquello que se muestra de forma evidente, sino aquello que apenas se insinúa y deja espacio a quien observa [2].

«Creo que esa estética oriental busca lo sugerente, mientras que el ojo occidental encuentra comodidad en lo explícito.»

En esa sugerencia aparece una sensibilidad muy particular: el «mono no aware» , que podría entenderse de forma sencilla como la emoción serena ante lo efímero, una capacidad de apreciar algo precisamente porque sabemos que no va a durar. Llámale bonsai, mira el Hanami, usa el ejemplo que venga a tu mente.

La naturaleza es un instrumento de precisión y de optimización, los recursos son finitos y el objetivo no es baladí, sobrevivir ante un medio hostil. Sin embargo, esa imagen esta cargada de belleza para el observador. Para el oriental y para el occidental.

Así, emulando la naturaleza comienza el arte. Pero por caminos otra vez diferentes. El mundo oriental reivindica la sencillez, en su música, en su pintura, en su tradición.

Mientras que la tradición artística china y oriental valora la sugerencia, la sutileza y el espacio en blanco (el «vacío» que invita a la imaginación –Enso), la visión occidental tiende a preferir la descripción detallada, la claridad y lo explícito y hereda ya del mundo romano el «horror vacui» (del latín «miedo al vacío») tendencia artística y estética a rellenar cada espacio vacío de una obra con detalles, diseño o decoración, evitando la sobriedad.

Esta contradicción la vamos a ver en la literatura clásica y el pensamiento oriental, donde poetas como Su Tung Po o Li Bai valoran la importancia de no obstruir la vista con demasiados detalles (la «hoja» que tapa el bosque). Y la han conservado hasta la actualidad.

Sin embargo, en el mundo occidental, cada nuevo movimiento artístico era un poco mas elaborado, intrincado y complejo que el anterior.

¿De donde procede una contradiccion tan enorme?

Del mismo modo que las corrientes filosóficas del zen establecen el camino como un discurrir sinuoso que no necesariamente tiene fin —siendo el propio camino la experiencia vital—, las escuelas platónicas y posteriormente las cristianas con la Escolástica buscan verdades universales, a poder ser inmutables.

Parece ser que la filosofia oriental trabaja con la incetidumbre desde una postura mas cómoda y natural que la occidental, que quiere establecer bases inamovibles, esas verdades universales, las leyes de la naturaleza.

En el zen, además, esta experiencia no es solo teórica, sino práctica a través del Zazen (zazen), que no busca explicar el tiempo, sino experimentarlo directamente.

Me pregunto si existe un ejemplo útil para comprender esta diferencia. Una metafora para integrar esta dualidad de forma sencilla y visual. Y paso tiempo buscándola.

Es como si ante un terremoto inminente, un hombre estuviera calmado y otro a su lado, con la misma información, estuviera nervioso, abrumado por esta realidad. ¿Cómo entender la actitud del primer hombre? En mi caso, sin duda seria el segundo, angustiado por la incertidumbre del «cuando «y el miedo al desastre.

El budismo, el sintoismo, el zen y otras tantos elementos de la cultura oriental de China y Japón están influenciados por una espiritualidad basada en el desapego y el ciclo de la vida y la muerte como un todo.

El salto de una carpa que dura un instante pero que inevitablemente volverá al estanque porque a el pertenece. Como la gota de agua, que asciende al cielo para convertirse en lluvia pero que inevitablemente, volverá al mar.

Aquí aparece una idea clave: Anicca , es decir, que todo cambia constantemente y nada permanece, y que resistirse a ese cambio es en sí mismo una forma de sufrimiento [3].

Ahí, no hay de por medio un juicio final, una prueba vital al final del camino ni tampoco un posible castigo eterno. Solo un alto concepto moral de relación con la naturaleza y de no tener que hacer las paces con uno mismo, si no haber sido recto y fiel a unas creencias más propias que compartidas.

Sin embargo, para occidente, el apego a los objetos, a las posesiones terrenales, a los seres queridos, parecen dibujar un fin lleno de terror ante el momento violento en el que todo se pierde.

¿No es acaso la fabula de la cigarra y la hormiga una oda contra Epicuro?

Peor aun, porque para muchos, todo ese empeño será juzgado por un superpoder del que muy poco sabemos y nunca hemos visto. Sea Hades en el submundo o Dios en las alturas.

Todo por lo que hemos trabajado y acumulado afanosamente, incluida la propia existencia. Y en ello, el tiempo invertido (o perdido) que adquiere un valor enorme.

La transmisión de la filosofía a la sociedad

Los monjes japoneses que habian estudiado en China, transmitieron a los «bushi» (samurais) que la muerte es solo parte del ciclo de la vida, un retorno a la fuente. Y esto impregnó tanto a la clase dominante de ese tiempo, que quedó recogido en el código moral de aquellos en su «Bushido». El camino del guerrero.

De alguna manera, las religiones monoteistas mas importantes, el Cristianismo con sus Cruzados y los musulmanes con sus Mártires, plantean algo similar. Una entrega por una noble causa, que reduce el miedo a la muerte. Sin embargo, es a cambio de un premio, de un pasaje al Paraíso

Materialismo y tiempo, hoy, aquí.

En este mundo actual en el que vivimos, son cada vez menos las diferencias también entre culturas. Con seguridd por el modelo económico que sí que ha terminado por imponerse como universal en cualquier rincón del globo, el capitalismo.

En este, la acumulación de objetos o experiencias, el individualismo y el consumismo no parecen evitar ese miedo occidental tan arraigado al paso del tiempo y a la muerte.

Los taoistas creen que el tiempo esta representado por el propio individuo, que lo llena de los pasos que da por el camino siendo un parte intgrante del Tao.


El zen añade una idea aún más radical: Uji, según la cual no estamos dentro del tiempo, sino que cada instante es completo en sí mismo, como si cada momento no fuera un paso hacia otro sino la totalidad de la experiencia [4].

Para mi occidental mente, el tiempo es un enemigo que siempre destruye mis planes e impide que haga las cosas que deseo. Un préstamo finito que como el reloj de arena me avisa del final de todo esto.
Y quizá ese enemigo solo existe cuando medimos los instantes, en lugar de habitarlos.

«Mientras tanto, tomemos un sorbo de té. El resplandor de la tarde ilumina los bambúes, las fuentes burbujean con deleite… Soñemos con la evanescencia y permanezcamos en la hermosa locura de las cosas» [5].

Como esa piedra suiseki. Cuyas crestas y laderas, para un obervador al otro lado del mundo sugiere el limite entre la tierra de los mortales y las cimas de los dioses. Y no un objeto de coleccionista que coge polvo en un estante.

Que no cambia de uno a otro. Es la misma.
Pero lo cambia todo según quién la observa.

Tengo una conclusion con 4 preguntas

Todo este artificio a modo de salto mortal entre enseñanzas milenarias me ilustran. Me permiten empezar a responder preguntas.

¿Porqué me cuesta tanto encontrar la belleza en ese espacio vacío entre ramas?.

¿Por qué encuentro el tokonoma tanta veces raquitico?.

¿Porqué prefiero un palombino con cien crestas, valles y ríos antes que una piedra pozo, que casualmente también rodean un vacío en forma de agujero?.

¿Porqué han utilizado un kake con solo un trazo de tinta aguada que no se si recuerda una luna o el amanecer?.

Y cada pregunta es a la vez su respuesta, cuando paso otra vez de puntillas por mis propios argumentos.

Eso que ves ahí no era una piedra.

exposición de suiseki en suiban

Referencias

[1] Laozi — Tao Te Ching
[2] Daisetz Teitaro Suzuki — Zen and Japanese Culture
[3] Gautama Buddha — Enseñanzas sobre la impermanencia (Anicca)
[4] Dōgen — Shōbōgenzō (concepto Uji)
[5] Kakuzō Okakura — The Book of Tea

Me encantaría conocer tu opinión al respeto, estaré atento a los comentarios

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